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domingo, 2 de noviembre de 2014

Jugando a cazar


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Un día, Carlos, que era un par de años mayor que el niño rubio, le dijo, que si se encontraba en la calle con los niños militares, no jugara con ellos y le contó lo que les había pasado a Pablo y a él el día anterior.

Dando un paseo por el parque que hay cruzando la calle Colombia, se habían topado con un grupo de cinco o seis niños militares y estos les habían propuesto jugar juntos. Pablo y Carlos preguntaron que de qué iba el juego y les explicaron que de caza. La propuesta les pareció interesante y acompañaron al grupo de niños a un callejón solitario, invadido siempre por un fuerte olor a disolvente, procedente de una chapistería donde se lacaban los vehículos reparados. El callejón estaba repleto de coches abollados. Llegados al callejón, Carlos y Pablo fueron rodeados. Carlos, asustado, preguntó “¿Pero qué vamos a cazar?”
“Pues vamos a cazar rojos,” le contestó el cabecilla del grupo “venga tú, grita tres veces, bien fuerte, Arriba España.” Después de que Pablo tuviera que gritar “Viva Cristo Rey”, Carlos y Pablo huyeron, perseguidos por una jauría de niños. El grupo de niños pasó corriendo por delante de un paredón, sobre el que una pintada, de grandes dimensiones, durante años anunció a todos los visitantes del parque:


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